La desaparición de Nuestra Señora de Talavera de Madrid de Esteco en 1692 une la arqueología con la leyenda. Un relato sobre opulencia, sismos y el juicio moral en el norte argentino.
La historia de la ciudad de Esteco representa uno de los enigmas más fascinantes del período colonial en el actual territorio de Salta. Fundada originalmente en 1566, esta urbe se convirtió rápidamente en un centro de riqueza desmedida gracias a su ubicación estratégica para el comercio entre el Alto Perú y el Río de la Plata.
Según la tradición oral, el 13 de septiembre de 1692 la tierra se abrió para devorar la opulencia de la ciudad. Un terremoto de magnitudes catastróficas redujo a escombros las casonas y templos, dejando tras de sí un paisaje de desolación que alimentó la creencia de una intervención divina directa.
El historiador salteño Atilio Cornejo, en sus investigaciones sobre el pasado colonial, menciona que la destrucción de Esteco no fue un evento aislado, sino el resultado de fallas geológicas activas en la región. Sin embargo, para el pueblo, el sismo fue la respuesta al orgullo de sus habitantes.
Hallazgos arqueológicos y la verdad tras la maldición de Esteco
Las expediciones arqueológicas modernas han intentado separar el mito de la realidad material en el departamento de Metán. Las excavaciones han revelado cimientos de adobe, cerámicas y restos de una infraestructura que confirman la existencia de una ciudad con un desarrollo urbano considerable.
El mito de la «mujer de piedra» es otro de los pilares de este culto popular. Se dice que una habitante, al intentar huir del desastre, desobedeció la orden de no mirar hacia atrás y quedó petrificada, convirtiéndose en un mojón que, según la creencia, se acerca cada año un paso a la capital.
La desaparición de Esteco no solo significó el fin de un nodo comercial, sino el nacimiento de un símbolo sobre la fragilidad del éxito material. La ciudad pasó de ser el «Madrid de las Indias» a un descampado cubierto por el monte chaqueño, donde el silencio solo es roto por los buscadores de tesoros.
En la cultura del noroeste argentino, Esteco funciona como una advertencia moral que se transmite de generación en generación. Los relatos sobre procesiones fantasmales y campanas que suenan bajo la tierra durante las noches de tormenta mantienen viva la llama de este misterio que desafía al tiempo.
El sismo de 1692 también dio origen al culto del Señor y la Virgen del Milagro en la ciudad de Salta. Mientras Esteco caía, la capital provincial se encomendaba a las imágenes sagradas para detener los temblores, uniendo para siempre la tragedia de una urbe con la fe inquebrantable de la otra.
A diferencia de otras ruinas coloniales que fueron reconstruidas, Esteco permaneció en el olvido geográfico durante siglos. Esta ausencia de reconstrucción facilitó que la narrativa del castigo se impusiera sobre los datos históricos de los traslados previos que ya sufría la población.
La exhaustividad de los estudios actuales sugiere que el declive de la ciudad comenzó mucho antes del terremoto, debido a la decadencia de las rutas comerciales y el asedio constante de las tribus locales. No obstante, la potencia visual de una ciudad tragada por la tierra es más fuerte.
Hoy, las ruinas de Esteco son un sitio de interés patrimonial que atrae a estudiosos de la mística sudamericana. La urbe que desapareció sigue presente en las coplas, en los libros de historia y en el respeto que los lugareños sienten por ese suelo que, según dicen, todavía oculta secretos.
El ascenso y caída de esta metrópoli colonial es el ejemplo perfecto de cómo un hecho geológico puede transformarse en una pieza fundamental de la identidad cultural. Esteco es la sombra de una Argentina que pudo ser y el recordatorio de que toda gloria terrenal es, finalmente, pasajera.
Fuente: Perfil








