Rindes de hasta 9 toneladas por hectárea no alcanzaron para salvar la campaña. Fletes que se comen un tercio de la carga, rutas abandonadas y deteriorados, costos disparados y “la chicharrita” dejaron al maíz norteño con una rentabilidad prácticamente inexistente. APRONOR advierte que cada vez quedan menos productores en pie.

El maíz del NOA enfrenta una tormenta perfecta. La campaña 2025/2026 cerró con rindes dispares, de entre 4 y 9 toneladas por hectárea, pero el dato que más preocupa al sector no está en los silos: está en las cuentas de los productores.

Porque aun cuando el rendimiento fue bueno, la rentabilidad quedó al límite y en muchos casos directamente no existió. El problema ya no pasa solamente por producir más, sino por la posibilidad concreta de que sembrar maíz deje de ser económicamente viable en una región donde el cultivo, además, resulta indispensable para sostener los suelos.

La advertencia fue planteada por APRONOR, la Asociación Civil de Productores Agrícolas y Ganaderos del Norte, que puso sobre la mesa una vieja deuda estructural del norte argentino: producir lejos de los puertos tiene un costo que el productor termina pagando casi en soledad.

Un tercio de la cosecha se va por la ruta

Según explicó el ingeniero Javier Martínez, secretario de APRONOR, el 33% de la carga de cada camión se destina exclusivamente a pagar el flete hasta los puertos.

La situación se agravó por el aumento del gasoil, los costos de cosecha, la escasez de camiones y las tarifas logísticas, mientras las lluvias volvieron a exponer otro de los históricos problemas del NOA: los caminos rurales y la infraestructura para sacar la producción. El deterioro vial complicó el tránsito desde los lotes, mientras que la humedad del grano generó dificultades en los acopios y el almacenamiento.

La chicharrita y el clima, otra pelea

A la crisis económica se sumó la productiva. La chicharrita (Dalbulus maidis) y el complejo del achaparramiento del maíz volvieron a golpear fuerte, acompañados por patógenos, Spodoptera frugiperda y el quiebre de la tecnología BT.

El clima tampoco dio tregua. Las bajas condiciones de radiación durante marzo coincidieron con una etapa crítica del cultivo y afectaron el potencial de rendimiento. Luego, los fuertes vientos provocaron caída de plantas y mazorcas.

Los productores respondieron con cambios en las fechas de siembra, selección de híbridos más tolerantes y un mayor monitoreo sanitario

La paradoja del maíz norteño

El maíz cumple una función que va mucho más allá de la cosecha. Su rastrojo protege los suelos de la erosión, mejora la infiltración y aporta materia orgánica. Además, la rotación con el cereal es una herramienta fundamental para el manejo de plagas como el picudo negro de la soja. Es decir que el cultivo que necesita el NOA para cuidar sus suelos, es uno de los que hoy menos rentabilidad ofrece.

Por otra parte, la influencia de El Niño podría favorecer una mayor disponibilidad de humedad, pero al mismo tiempo aumenta la preocupación por una primavera húmeda y por la persistencia de la chicharrita.

“Cada año quedan menos productores”

La vicepresidenta de la entidad, Macarena Ramos, sostuvo que “cada año que pasa quedan menos productores en pie” y cuestionó las condiciones en las que debe producir el norte.

Más de 900 kilómetros hasta los puertos, presión fiscal, falta de crédito accesible, problemas de infraestructura y costos logísticos que calificó de “confiscatorios” conforman, según la entidad, una combinación que transforma al norte en una “picadora de capital de trabajo”.

Fuente: Apronor