Alerta por hongo brasileño que salta de gatos a humanos

Especialistas confirman que esta cepa de hongos es más virulenta y resistente a fármacos comunes, exigiendo largos tratamientos para lograr la cura total.

La detección de los primeros casos del hongo Sporothrix brasiliensis en Uruguay puso en alerta a los sistemas de salud de Sudamérica. Este hongo, originario de Brasil, se diferencia de las versiones tradicionales por su agresiva transmisión zoonótica. El brote actual afecta tanto a gatos domésticos como a personas, generando lesiones cutáneas que desafían los diagnósticos convencionales.
El caso que encendió las alarmas involucró a una mujer que, tras adoptar un gato en el sur de Brasil, notó úlceras en el animal poco después de cruzar la frontera. La mascota contagió a su dueña y a sus dos hijos, quienes desarrollaron heridas similares en la piel. Este evento confirmó que el hongo ya no depende solo del contacto con la tierra o madera en descomposición, sino que utiliza a los felinos como su principal vector de propagación urbana.

Un cambio profundo en la forma de contagio

A diferencia del clásico hongo asociado a la «enfermedad del jardinero», que suele ingresar por cortes accidentales con plantas, la variante brasileña encontró en las garras y secreciones de los gatos una vía de entrada masiva. Este fenómeno ocurre porque el hongo demuestra un dimorfismo térmico: vive como filamento en el ambiente a 30 grados, pero se transforma en una levadura sumamente agresiva al ingresar al tejido vivo a 37 grados.

En los felinos, la carga de microorganismos en las heridas y garras es excepcionalmente alta. Además, esta especie ha evolucionado para producir niveles elevados de estrés oxidativo y proteínas específicas que le permiten evadir las defensas naturales del cuerpo humano, facilitando su supervivencia dentro de las células que deberían eliminarlo. El resultado es una infección que se disemina con facilidad a través de arañazos, mordeduras o el simple contacto con el líquido que supuran las heridas del animal.

Cómo identificar los síntomas en mascotas y humanos

En los gatos, la enfermedad se manifiesta con heridas que no cicatrizan, localizadas frecuentemente en la cara, la nariz y las orejas. Es común observar costras, zonas sin pelo y, en estadios avanzados, dificultades respiratorias o estornudos frecuentes que indican que el hongo ha invadido las vías aéreas. Estos animales se convierten en focos de infección silenciosos si no se detectan a tiempo.

En las personas, la infección suele comenzar como una pequeña protuberancia roja en el sitio del rasguño que evoluciona hacia una úlcera. Si no se recibe tratamiento, estas lesiones suelen seguir el trayecto de los vasos linfáticos, apareciendo nuevos bultos en línea ascendente por el brazo o la pierna afectada. Aunque la esporotricosis es curable, en pacientes con el sistema inmune debilitado, niños pequeños o adultos mayores, el patógeno puede invadir órganos internos, huesos o incluso el sistema nervioso.

El desafío de un tratamiento prolongado

El diagnóstico temprano es fundamental para evitar complicaciones graves. Sin embargo, la recuperación es lenta y puede extenderse desde unas pocas semanas hasta cuatro meses de medicación diaria con antifúngicos como el itraconazol. Un riesgo creciente es la aparición de cepas que muestran resistencia variable a los fármacos habituales, lo que obliga a los médicos a monitorear de cerca la evolución de cada paciente.

Para prevenir la propagación, se recomienda evitar que los gatos domésticos tengan contacto con animales callejeros y usar guantes o protección facial al manipular mascotas con lesiones sospechosas. La vigilancia epidemiológica en las fronteras y el control veterinario riguroso son las únicas herramientas efectivas para contener este avance regional.

Fuente: Los Andes