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El tejedor salteño que hace la "revolución de la moda" local

Juan Mamani tiene 30 años y cuatro hijos, Vive en Iruya y estuvo en Buenos Aires representando su oficio en la Fashion Revolution Week. En Finca Potrero, los hombres tejen, las mujeres no. Ellas tienen una tarea mucho más delicada, paciente e imprescindible: hilar. Lo hacen con una técnica milenaria, a orillas del río, mojando la lana para prensarla.

 

Juan Mamani aprendió el oficio de su padre Herminio. En Finca Potrero, los hombres tejen, las mujeres no. Ellas tienen una tarea mucho más delicada, paciente e imprescindible: hilar. Lo hacen con una técnica milenaria, a orillas del río, mojando la lana para prensarla.

Herminio y Juan y un puñado de familias de su comunidad forman parte de un pequeño grupo que logró entrar en el circuito textil responsable: ellos reciben un pago acorde a las horas que dedican a su trabajo y se respetan sus procesos productivos tradicionales.

Finca Potrero, San Isidro, Iruya, Salta, Argentina. Mucho zoom mental y muchos kilómetros reales hay que recorrer para llegar a la comunidad de 40 familias que viven a 2.900 metros sobre el nivel del mar, en un paraje donde las nubes son parte del paisaje y los oficios se heredan de padres y abuelos. Esta semana, Juan viajó a Buenos Aires y fue la cara visible en nuestro país de Fashion Revolution, un movimiento que invita a los compradores a preguntarles a las empresas quién confeccionó su ropa. El año pasado participaron 95 países y más de 2 millones de personas. Este año se estima que la convocatoria fue aún mayor y que tenemos capacidad de dar un paso hacia un cambio de conciencia como consumidores.

La movida #FRW

La fecha de Fashion Revolution Week coincide con la conmemoración de una catástrofe: el 23 de abril de 2013 el complejo fabril Rana Plaza, en las afueras de Dhaka (Bangladesh) crujió bajo los pies de sus miles de apretados ocupantes, todos trabajadores de la industria textil que trabajaban para marcas internacionales. Corrieron despavoridos, pero fueron obligados a volver a las máquinas. Al día siguiente, la fábrica se derrumbó con ellos adentro. El resultado: 1134 cadáveres y más de 2000 heridos.

La difusión mundial de la catástrofe obligó a las marcas a cambiar sus políticas con los proveedores. El Banco Mundial y el Banco Asiático de Desarrollo concedieron préstamos y distintas organizaciones presionaron a los gobiernos para que se involucraran en la penosa situación de los trabajadores. El movimiento comenzó, pero queda mucho por hacer.

En nuestro país, los Mamani y otras ocho familias de Finca Potrero son un ejemplo del cambio. Ellos fabrican telas únicas: sus emociones se plasman en los tejidos y eso es bienvenido (a veces las telas salen más apretadas, nerviosas, otras más suaves, relajadas), los colores que toma el paisaje en cada estación y los estados anímicos de los tejedores se plasman en los hilados, el largo de las telas depende de la voluntad de cada día y así tejedores y tejidos se amalgaman en lo que más tarde serán sacos, mantas, tapados.

Clara de la Torre, socia de Manto Abrigos, conoció a los Mamani en un viaje a Salta. Una noche, Herminio le prestó su poncho para volver al pueblo y ahí ella entendió la diferencia entre cualquier tela industrial y una hecha a mano en las montañas. Desde entonces los habitantes de Potrero son sus productores. Este año a quienes le preguntaron ¿quién hizo mi ropa? Juan respondió con una sonrisa y un cartel para la foto instagrameable "yo hice tu ropa". Un cartel que con responsabilidad como consumidores podemos multiplicar.

La Nación