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Cómo es la mente de un bipolar

Suele presentar inestabilidad en sus actitudes y drásticos cambios de ánimo. En una reciente entrevista a la Revista People, la cantante Mariah Carey contó que sufre un trastorno bipolar, y que se siente mejor desde que está medicada.

 

El trastorno bipolar es una enfermedad mental severa. Las personas que la sufren experimentan cambios de ánimo poco comunes. Pueden pasar de ser muy activos y felices a sentirse muy tristes y desesperanzados. Y, así, empezar el ciclo otra vez.

Con frecuencia tienen estados de ánimo normales entre uno y otro ciclo. A las sensaciones de euforia y actividad se les llama manías; a las de tristeza y desesperanza se les llama depresión. Por eso, también se la conoce como enfermedad maníaco-depresiva. Los episodios maníacos pueden incluir síntomas como exceso de energía, reducción de la necesidad de dormir y pérdida de noción de la realidad. Los episodios depresivos pueden incluir síntomas como falta de energía, poca motivación y pérdida de interés en las actividades cotidianas. Los episodios de cambios de humor duran de días a meses y también pueden estar asociados con pensamientos suicidas.

El bipolar no tiene dificultades para identificarse a sí mismo, sino que sus cambios de ánimo son tan drásticos que las actitudes de esta persona se hacen difíciles de explicar. Debe ser reconocida y tratada para lograr una buena calidad de vida del paciente y de las personas que los rodean.

Causa

Se desconoce la causa exacta del trastorno bipolar, pero es posible que tenga que ver con una combinación de factores genéticos y ambientales y de la alteración de las sustancias químicas y las estructuras del cerebro.

El trastorno bipolar suele empezar en los últimos años de la adolescencia o al inicio de la edad adulta pero niños y adultos también pueden sufrirlo. La enfermedad, generalmente, dura toda la vida.

Diagnóstico

Esta condición es muy complicada de diagnosticar, sobre todo porque la persona que lo padece difícilmente busca ayuda. También lo dificulta la inestabilidad que presenta en sus actitudes. Así es que puede confundirse entre psicosis o depresión. Para lograr diagnosticar a una persona con este trastorno, es necesario analizarlo por un largo periodo de tiempo.

Cuando las personas son diagnosticadas con el trastorno bipolar, este padecimiento se clasifica en uno de tres tipos, dependiendo del tipo y la severidad de los síntomas presentes.

1. El trastorno bipolar I. Es el más severo de los tres. Los individuos con este tipo de trastorno bipolar I experimentan cambios tan drásticos en su estado de ánimo que su capacidad para funcionar resulta significativamente obstaculizada y ocurren afectaciones en la mayoría de los aspectos de sus vidas (si no es que en todos). Los episodios de manía y depresión característicos del trastorno bipolar I pueden persistir durante periodos prolongados de tiempo antes de alternar o cambiar consistentemente, lo que se conoce como ciclos rápidos.

2. El trastorno bipolar II. Es una forma menos severa del trastorno bipolar I, en el cual los individuos experimentan episodios generalizados de depresión, además de uno o más episodios hipomaníacos. La hipomanía es una forma más leve de manía y la presencia de este síntoma es lo que distingue a un diagnóstico de trastorno bipolar II de un diagnóstico de depresión.

3. La ciclotimia. Se considera como el tipo de trastorno bipolar más leve. Los individuos con ciclotimia presentan episodios de depresión e hipomanía, pero estos episodios son significativamente menos severos que aquellos propios de las personas con el trastorno bipolar I o II.

Tratamiento

Si bien el tratamiento puede ayudar, esta enfermedad no tiene cura. El tratamiento suele ser de por vida e incluir una combinación de medicamentos y psicoterapia.

Para mejor su calidad de vida, un cambio en las actividades cotidianas puede ayudar. Es recomendable que quienes padecen este trastorno practiquen yoga u otra actividad que los relaje. El entorno tendrá un papel fundamental en su tratamiento, ya que es usual que por su condición, el bipolar se niegue a recibir ayuda médica.

Si no se trata, el trastorno bipolar puede dañar las relaciones personales, causar bajo rendimiento en sus actividades cotidianas, trabajo, estudios, e incluso llevar al suicidio.

Actitudes de una persona con bipolaridad

Cambios drásticos en su estado de ánimo. Una persona bipolar puede pasar de la euforia incontrolable a una turbación profunda de un momento a otro. Puede durar un buen periodo de tiempo en un estado específico, que puede ser estable, depresivo o maníaco. No obstante, los cambios de estado no responden a situaciones específicas o a patrones predecibles.

En ocasiones, estas personas se pueden sentir estupendamente bien por un buen tiempo. Sentir mucha energía, tanta que ni siquiera sienten la necesidad de dormir; de hecho pueden durar días despiertos, pero al mismo tiempo estar distraídos e irritables. Esta es la fase maníaca y se caracteriza por actitudes excesivas: deseos sexuales excesivos, energía excesiva e incluso puede llegar a la agresión.

Tristeza. La persona bipolar se sentirá muy deprimida. Este estado conlleva ansiedad, tristeza, pesimismo y fuertes sensaciones de frustración. Además, tendrá una pérdida total del interés por todo, incluso todo aquello que deseaba hacer frecuentemente en la fase maníaca.

Para una persona con esta condición es muy frustrante no poder entender siquiera la razón de su profunda depresión, y esto puede traer como consecuencia deseos suicidas.

Rasgos psicóticos. Los cambios de actitud pueden deberse a la psicosis, una condición que altera la percepción de las situaciones, los gestos o las palabras, entre otros. Un psicótico interpreta de manera errada lo que su entorno trata de comunicarle. Incluso, si la psicosis es grave, se pueden sufrir diferentes tipos de alucinaciones.

Hipomanía. Consiste en un período diferenciado de tiempo en el que el estado de ánimo es elevado de manera continuada. También puede ser un rasgo de la irritabilidad de la persona, al menos, cuatro o cinco días, algo que ya se puede diferenciar del estado de ánimo habitual.

La hipomanía también se ve a través de una autoestima exagerada o unos delirios de grandiosidad. Así, puede generar en que la persona se muestre más hablador de lo habitual.

TN