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Clarín acusa al peronismo federal de falta de identidad y liderazgo

La crisis y la pelota manchada se titula la columna publicada en Clarín, en la que sostiene que la identidad de los peronistas amigables “sigue envuelta en una nebulosa”. También dice que no muestra un liderazgo perfilado. Todo eso, en un marco en el que convergen sindicalistas, políticos y jueces de la Corte Suprema.

 

La escena representaría, en cualquier país con promedios de normalidad, una vidriera para la convergencia opositora. No es lo que sucede en el kirchnerismo ni el peronismo.

El Gobierno ya atraviesa la fase profunda de la crisis económica. La actividad industrial, informó el INDEC, se desplomó 11.5% en septiembre. La caída más severa desde julio del 2002. A las protestas callejeras de los movimientos sociales –que estadísticamente se distribuyen sólo de martes a jueves-- se sumó una huelga salvaje. La hicieron cinco de los gremios aeronáuticos. Afectó a Aerolíneas Argentinas. Tres de ellos responden al líder camionero Hugo Moyano, otro al titular de la CTA, Hugo Yasky y el restante al gastronómico Luis Barrionuevo.

Dante Sica, el ministro de Producción, anunció el otorgamiento de un bono compensatorio de $5000, pagadero en cuotas. Lo hizo para aliviar la tensión social, animar el consumo y desactivar un paro de 36 horas que planeaba la Confederación General del Trabajo (CGT). La oferta oficial fue realizada con apuro y dejó cabos sueltos que se buscan anudar. La Unión Industrial alertó que muchas empresas, debido a la recesión, no están en aptitud de abonarlo. Los gordos cegetistas asoman abiertos a la negociación. Los gremios aliados al kirchnerismo insistirían con la huelga.

La escena representaría, en cualquier país con promedios de normalidad, una vidriera para la convergencia opositora. No es lo que sucede en el kirchnerismo ni el peronismo. Las fotos ilusionistas en torno de una mesa dirían poco. Subsiste una crisis fogoneada por tres motivos. A tres años de la derrota electoral no pudo ser saldado el liderazgo parcelado que aún significa Cristina Fernández; los casos de corrupción que circulan en Comodoro Py impiden un acercamiento; ninguno de los sectores insinúa una propuesta que indique a la sociedad cómo superar la compleja coyuntura sin apelar a recetas que han fracasado.

La expresidenta sigue abroquelada en su núcleo duro. Su asesor favorito en materia económica es Axel Kicillof. A medida que el tiempo pasa, habría comenzado a abandonar la idea de una salida precipitada de Macri. Aunque jamás condena a muchos de sus fieles que la propician. Tal vez, con el año electoral que despunta, ningún temblor institucional le convenga. No tiene a mano algún plan de emergencia para abordar una realidad totalmente distinta a la de su época. Ni siquiera con puntos de contacto cuando dejó el poder en el 2015. Sus sueños bolivarianos formarían parte de un relato que habría entrado en desuso.

La ex presidenta se ocupa de entorpecer al peronismo que a través de la previsibilidad pretende convertirse en alternativa para el 2019. Está en el medio la Ley de Presupuesto cuya sanción definitiva depende del Senado. Miguel Ángel Pichetto tuvo allí una sorpresa. Un histórico ladero suyo, el formoseño José Mayans, solicitó restituir el fondo sojero y tumbar el DNU (Decreto de Necesidad y Urgencia) de Macri que lo anuló. Esa discusión había sido superada en Diputados cuando se dio la medía sanción al proyecto. La jugada implicaría un costo de $90 mil millones para el Gobierno que colocaría en jaque el déficit cero y, a lo mejor, el acuerdo con el FMI (Fondo Monetario Internacional).

Es seguro que la maniobra naufrague esta semana. Pero no sus consecuencias políticas. Se avizora una ruptura del bloque de Argentina Federal. Objetivamente, un debilitamiento para el PJ dialoguista. En las sombras habrían operado intensamente Gildo Insfrán, el mandatario de Formosa, y Gerardo Zamora, su par de Santiago del Estero. Las terminales políticas de ambos se ubican muy cerca de Cristina. El formoseño tiene una necesidad: obtener su quinto periodo consecutivo en la provincia. Arrancó en 1995, durante el apogeo menemista. Supone que sería muy difícil lograrlo si enfrentara a Cristina. Los santiagueños no eligen gobernador el año que viene.

Aquel peronismo dialoguista exhibe otras fisuras. Veamos que ocurre en Tucumán. El gobernador José Manzur apostará por su reelección. Pero se manifiesta solidario con la construcción de una variante electoral que prescinda de Cristina. El senador José Alperovich planteó públicamente sus diferencias. Supone irremplazable la candidatura de la expresidenta.

Al mismo peronismo dialoguista le estarían faltando varias cosas para avanzar con seguridad. Su identidad sigue envuelta en una nebulosa. Se despega de Cristina por los escándalos. Pero no resulta nunca categórico sobre la corrupción de la década pasada. Tampoco muestra un liderazgo perfilado. Aunque, según las encuestas, Juan Manuel Urtubey, de Salta, y Sergio Massa, sobresaldrían del resto. Otro escollo son ciertas contradicciones a la hora de actuar.

El Frente Renovador había convenido con Pichetto que en Diputados se abstendría de votar. Un racimo de sus legisladores lo terminaron haciendo en contra del Presupuesto. Massa afirmó que si se convierte en mandatario lo primero que hará será plantear condiciones al FMI para cumplir con el acuerdo que acaba de suscribir Macri. Daniel Scioli, en cambio, dijo estar dispuesto a respetar las reglas del juego para ganar confianza de los inversores. Urtubey opina igual. Por eso participó de una cumbre con el exgobernador de Buenos Aires y su tropa. Massa no fue invitado.

Aquellos desajustes no representarían un escollo insalvable para la ambición competitiva del peronismo dialoguista. Todo dependerá de cómo evolucione el humor de la sociedad. Está por un lado la corrupción de Cristina. Está por otro lado el desaliento ante un Gobierno que a partir de la crisis financiera de mayo profundizó los padeceres económicos. 

Sacar provecho de ambas cosas no sería sencillo. Porque están en mutación permanente. Pero hay experiencias cercanas –y no tanto-- que registran irrupciones inesperadas y súbitas en los procesos electorales. 

La última aconteció en Brasil. El debate lo absorbió allí la frustrada candidatura de Lula y su encarcelamiento por dolo. De repente comenzó a filtrarse Jair Bolsonaro. En julio, cuando lanzó su candidatura, redondeaba apenas 15 puntos. Llegó a 46% en la primera vuelta y a 55% en el balotaje. Enterró al PT y a su candidato, Fernando Haddad. Discípulo de Lula.

El Gobierno espera tener su Presupuesto. Ciertas ráfagas de la principal oposición parecieran no comprometerlo. Ruega que decisiones ajenas al Congreso no desbarajusten las cifras que pretenden enviar tranquilidad al FMI. Un enigma es la Corte Suprema. El máximo Tribunal avaló un reclamo de La Pampa por una deuda de la Nación. Debe resolver ahora sobre la reforma previsional. Es muy probable que haga lugar al reclamo del demandante Lucio Blanco en contra de la ANSES. En ambos casos los jueces buscarían no afectar bruscamente el delicado equilibrio fiscal que persigue el Gobierno.

Los fallos trasuntarían, en cambio, un condimento político que los hacedores del Presidente no previeron cuando Carlos Rosenkrantz sustituyó en el comando de la Corte a Ricardo Lorenzetti. El cuerpo habría dejado de tener una mayoría automática como la que moldeó durante once años el abogado de Rafaela. Quizás Horacio Rosatti, Juan Carlos Maqueda y Lorenzetti coincidan cuando estén en debate tres tópicos: referidos a la previsión social, al federalismo y las cuestiones ambientales. En los demás casos, haría falta mezclar el mazo de nuevo. Despunta en el Tribunal una dinámica distinta.

La coronación de Rosenkrantz, vivida en la Casa Rosada como una victoria, respondió, antes que nada, al hastío existente entre los jueces por el estilo personalista de Lorenzetti. El nuevo presidente deberá demostrar que tiene astucia y espaldas para cosechar los votos necesarios ante cada uno de los fallos cruciales. Lorenzetti no se rinde. Habrá que reconocerle empeño. El Gobierno pensaría en un ofrecimiento estelar para él, a fin de destrabar ese conflicto potencial en el Tribunal.

Lorenzetti impidió por ahora que su sucesor desplace al secretario administrativo de la Corte, Héctor Marchi. Funcionario de su entraña que controla los gastos de una caja custodiada con celo. Encargada de distribuir los recursos para todos los juzgados nacionales de la Ciudad y federales del país. Contaría con un superávit que envidiaría más de un ministro.

Marchi, también oriundo de Rafaela, cayó en denuncias que Elisa Carrió formuló contra Lorenzetti. Por caso, sobre enriquecimiento ilícito. Resultó sobreseído por el juez Sebastián Ramos y el fiscal Gerardo Pollicita. Mantiene otras causas a raíz de nombramientos discrecionales. Algunos llamativos: en la oficina de escuchas de inteligencia. Nada menos.

Carrió además involucra a Marchi en la investigación que atañe a Lorenzetti por cambiar, en su momento, cheques de la AFA del Fútbol para Todos. Una práctica habitual del fallecido Julio Grondona. La maniobra, al parecer, se consumaba a través de una mutual integrada por familiares directos del ex titular de la Corte. En conexión con el Club Sportivo Ben Hur, de Rafaela, que milita en el Torneo Argentino B. Eterno rival local de Atlético. También aparecen Sportivo Belgrano (Córdoba) y Atlético 9 de Julio (Rafaela).

En Ben Hur, durante su juventud, supo jugar al fútbol el propio Marchi. No posee parentesco, que se sepa, con otro Marchi: Sergio, bonaerense, titular de Futbolistas Argentinos Agremiados (FAA), procesado y embargado por la jueza María Servini. No pudo explicar el origen de una cuenta de ahorro con U$S2.5 millones.

Servini investiga al secretario administrativo de la Corte. La jueza envió la semana pasada a juicio oral a los exjefes de gabinete, Aníbal Fernández y Jorge Capitanich, por el manejo oscuro de fondos de Fútbol para Todos. La pelota está manchada.

 

 

 

 

Fuente: Clarín