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La otra grieta


La histórica sesión en Diputados por el debate sobre el derecho al acceso de la mujer al aborto seguro y gratuito comenzó minutos después de las 11, con una amplia mayoría de los legisladores presentes. La votación se mantiene reñida y se espera un final abierto. En El Acople, compartimos la columna de opinión de la abogada Salvina Spota, difundida a través del sitio La Opinión Pública.

 

 

 

Mucho se ha hablado en estos meses sobre el aborto. Creo que se han escuchado casi todas las posturas existentes y desde las perspectivas, legales, morales, filosóficas, religiosas y científicas.

Y tanta riqueza en el debate ha contribuido también a desviar el foco de lo realmente se va a decidir hoy: la única discusión acá es si seguimos criminalizando a las mujeres que abortan.

Aquí no se trata de decidir mediante una ley si el aborto es moral o inmoral, o si la interrupción del embarazo es homicidio y el delito de aborto debería ser eliminado.

No están los legisladores impelidos a definir lo que la ciencia no ha podido; cuándo comienza la vida. Difícilmente una pregunta de tamaña profundidad filosófica pueda ser respondida. No es lo que deben decidir los Diputados.

Acá estamos discutiendo si una mujer que aborta debe ser criminalizada y enviada a la cárcel con delincuentes comunes.

Hemos escuchado en el recinto a muchas mujeres que “confesaron” haber abortado. No he visto a ningún legislador pedir que intervenga la justicia o la policía, gritarle asesina o cuestionar en estos términos su participación.

No he visto a ningún Fiscal iniciar una investigación de oficio, o ningún funcionario público efectuar denuncia tal como lo obliga la ley.

Ni siquiera los más acérrimos detractores de la ley evitaron aplaudir las exposiciones de las mujeres que dijeron haber abortado. Apuesto que no lo habrían hecho si ellas hubieran confesado haber matado a un niño y exigido un derecho legal a hacerlo.

¿Qué es esto? ¿Hipocresía? No.

Hay una grieta. Y no es una grieta entre los que están a favor o en contra de la ley.

La grieta es entre el debate y la experiencia.

¿Podemos ver cómo en el único lugar donde se equipara aborto y homicidio es en el debate sobre el aborto? No lo hacen nuestras leyes, ningún código penal equipara aborto a homicidio porque ningún código civil equipara persona a persona por nacer. Como dice Laura Klein, las leyes parecen estar más cerca de la experiencia que en el debate sobre el aborto.

Todos conocemos muchas mujeres que han abortado. Pocos conocemos mujeres que hayan matado a sus hijos.

En el único lugar en el que se las iguala es en esa arena imaginaria donde se despliega un debate lleno de argumentos, lejano a la experiencia.

Y en base a este despliegue de figuras hipotéticas en las que no creemos -nadie cree que un embrión es una muela y tampoco nadie cree es un bebé- la única expulsada es la experiencia vital que atraviesa la vida y la muerte y no puede ser abarcada por la lógica binaria del derecho penal.

Y de nuevo la grieta.

Entre lo que pensamos y sentimos y entre lo que creemos que pensamos y sentimos. Es difícil conciliar lógica y experiencia vital.

Como en un estado de naturaleza hobessiano necesitamos que intervenga el derecho penal para acallar esa angustia del alma que se resiste a responder por blanco o negro; pero el Derecho no soluciona las tragedias de la existencia.

¿Cuál es el sentido de la cárcel? ¿Estamos previniendo abortos? ‘¿Sirve la amenaza? No. Porque si así fuera, no existiría el gran negocio del aborto clandestino. Ninguna mujer deja de abortar porque sea ilegal.

¿“Resocializamos” a una mujer que abortó por la razón que su conciencia habilitó mandándola a un penal junto con narcotraficantes o estafadores? ¿En serio creemos eso? ¿En serio creemos que una mujer que abortó es “un peligro social”?

¿Castigamos haber rechazado el deber natural de ser madre? ¿Es esa la razón? Nuestra Constitución Nacional aclara que las cárceles no serán para castigo, sino para seguridad. Tal vez para proteger a la sociedad de mujeres tan peligrosas.

Pero aun así tal vez algunos piensan que la cárcel es el lugar destinado para las mujeres que osaron decidir por sí mismas si querían continuar con un embarazo. Y castigarlas como si hubiesen cometido un pecado. Olvidando la diferencia de mala in se y mala prohibita. Identificando delito y pecado. Olvidando que la función de los legisladores no es formular un mandamiento religioso o una regla moral.

Pero en seguida de las profundidades de la grieta aparecen estas respuestas:

“Nadie va presa o es procesada por abortar.” “La mayoría de las causas se archivan”.

¿Cuál es el sentido entonces de mantener criminalizada esta práctica, cuál es la razón para defender la necesidad de este tipo penal que ha sido derogado desuetudo? No se trata de una supervivencia ni un atavismo. Tiene una función muy clara.

La función real es producir penas inconstitucionales como incapacidad y muerte tal como ha expuesto tan lúcidamente en Diputados Carlos Bigalli. Y yo agrego, humillación y clandestinidad.

¿Realmente creen, Señores legisladores que el aborto merece esas penas que no reservamos ni a los criminales más terribles?

La pena sólo evita que el aborto pueda realizarse en condiciones seguras y con profesionales de la salud.

¿Han servido los más de 100 años de penalización para otra cosa que no sea traer estigmas, incapacidad o muerte?

La ley existe para dar respuestas a las realidades sociales. No para imponer el deber ser de algunos ni la moral positiva mayoritaria. La ley no está para controlar conciencias, y los legisladores son y están destinados a trabajar sobre lo que existe.

Lo cierto es que todos sabemos que la pena no salva al embrión, sino que castiga a la mujer.

Pero la pena efectiva no es la legal, y funciona como una maquinaria perfecta de clandestinidad, humillación y muerte.

Estoy segura de que ninguno de ustedes denunciaría a una hija, hermana, compañera suya por abortar. Dudo fuese lo mismo si supieran que ella mató al sobrino, hijo, nieto de alguno de ustedes.

Tampoco lo haríamos preventivamente si nos contara que va a abortar o nos pidiera que la acompañemos. Sí, con todo el dolor del alma lo haríamos si el plan fuera matar a un niño.

Porque la mayoría no creemos que abortar sea asesinar.

Porque la verdadera grieta está entre el discurso y la experiencia.

Y fundamentalmente, porque sabemos en nuestras tripas la locura que sería sumarle a esa experiencia tan íntima e intransferible un proceso penal.

¿Por qué no sincerar esto? ¿Por qué seguir calmando algunas conciencias con la pena cuando sabemos no sólo que no sirve para nada sino que genera más sufrimiento?

Es hora de atravesar los espejismos que refractan la experiencia.

No es fácil estar en la encrucijada.

Muchos de nosotros lo estamos.

Pero la encrucijada de Ustedes, señores Diputados, es distinta. Son los que decidirán si la mujer que tienen al lado debe ir a la cárcel si ha abortado.

Si responden que ninguna mujer va presa, no tiene coherencia mantener la pena.

Pero si insisten, habrán demostrado ser el eficaz relojero que da cuerda en silencio al mecanismo perfecto. Malleus Maleficarum saeculum XXI. (1)

 

 

1) Malleus Malleficarum, 1487,Tratado sobre la Brujería, “El martillo de las Brujas”, o también entendido como “ El martillo para golpear a las Brujas”

 

Por Salvina Spota. Abogada. @salvinamusica

Fuente: La Opinión Pública