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Sin la firma de la oposición, Maduro impone su plan electoral

Nicolás Maduro reaccionó ayer por vía exprés tras fracasar el acuerdo final entre las delegaciones gubernamental y opositora en Santo Domingo, lo que confirma que era el principal interesado en su rúbrica. "Voy a firmar yo personalmente el acuerdo de República Dominicana para avalar con mi firma y lo voy a cumplir en todas sus partes. ¡Cúmplase!", ordenó el jefe de Estado.

 

"Espero que alguna parte de la oposición reflexione y venga, porque Venezuela necesita un acuerdo de paz y convivencia. Garantías electorales para todos los candidatos que se inscriban, que vengan las comisiones internacionales... Tengo palabra, lo voy a cumplir", insistió el "hijo de Chávez". El chavismo busca desde hace meses enfrentarse a algún candidato opositor dócil, bautizado en la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) como "caballo de Troya", la misma estrategia usada en Nicaragua por Daniel Ortega.

El "acuerdo de convivencia democrática" vive momentos inéditos. El martes por la noche fue firmado únicamente por Jorge Rodríguez, jefe de la delegación chavista, que acusó a los opositores de incumplir su palabra y no rubricarlo tras una "llamada telefónica de Bogotá", capital que en esos momentos servía como sede para el encuentro entre el presidente Juan Manuel Santos y Rex Tillerson, secretario de Estado norteamericano.

La verdad es que la oposición buscó definir varios de los puntos de ese documento y arrancar el visto bueno del presidente con la libertad de presos políticos y con la rehabilitación de los partidos opositores, ilegalizados en su mayoría. Maduro se negó ayer a conceder más condiciones electorales a la oposición y dio el juego por concluido.

Un escenario inédito en el que previamente se vivieron presiones de todo tipo. En la batalla diplomática de Santo Domingo confluyeron dos fuerzas tan poderosas como antagónicas: la comunidad internacional y la revolución. En el medio, la oposición resquebrajada, dividida, con sus seguidores afectados de nuevo por una profunda depresión, y disminuida por una diáspora sin límites, que ya expulsó del país a cuatro millones de venezolanos.

La primera consecuencia se produjo ayer, en Caracas: la reunión urgente de los rectores del Consejo Nacional Electoral (CNE), con la fecha de las elecciones presidenciales como telón de fondo. En el acuerdo se había establecido el 22 de abril como el día en el que se abrirían las urnas, tras un tira y afloja entre la inmediatez que exigía Maduro y la apuesta opositora, que lo estiraba hasta fines de junio.

Horas antes se produjo el encuentro entre la presidenta del organismo, Tibisay Lucena, y la excanciller Delcy Rodríguez, recién aterrizada desde República Dominicana.

Oficialmente, se trataba de presentar su nuevo partido, Somos Venezuela, que la presidenta de la Asamblea Constituyente liderará para ampliar la base de apoyo electoral de Maduro. El movimiento fundado por el Palacio de Miraflores encontró todo tipo de facilidades para su inscripción. Por el contrario, la oposición perdió sus principales tarjetas en distintas maniobras gubernamentales.

"Emplazamos al gobierno a que no cometa el absurdo error de convocar unas elecciones de forma unilateral", adelantó el expresidente del Parlamento Julio Borges. "No aceptaremos ningún acuerdo que claudique la democracia en Venezuela", zanjó el jefe de la delegación opositora, que lideró la posición de firmeza dentro de su bloque.

La comunidad internacional no acepta los comicios presidenciales impuestos por el chavismo, excepto sus aliados revolucionarios y Rusia, su socio global. Por lo tanto, tampoco reconocerán al eventual triunfador.

"Enormes presiones para que la oposición venezolana firme un papel que no contempla garantías en las elecciones presidenciales. Presidente Maduro en campaña, opositores no validados, candidatos inhabilitados? ¿Algún partido chileno aceptaría eso?", advirtió, antes de la orden de Maduro, el canciller chileno, Heraldo Muñoz, uno de los presentes en las negociaciones.

A la misma hora, el presidente colombiano arremetió contra su par venezolano tras su reunión con el secretario de Estado norteamericano y elevó un grado sus críticas.

"Es urgente restaurar el cauce democrático en Venezuela, porque son los ciudadanos los que están sufriendo las consecuencias de una dictadura al garete", dijo Santos.

 

 

 

 

 

Fuente: La Nación