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Superliga Racing lo tenía ganado, pero Boca se lo empató


Fue un clásico vibrante, cargado de polémicas y alta tensión. El local se imponía con  un doblete de Lisandro. Wanchope y Villa igualaron para el visitante. 

 

La punta holgada, otro partido consagratorio de Lisandro López, el récord del arco invicto, la gente extasiada cantando por el sueño de campeón… Racing vive en una nube que de golpe se hace negra. Por ese mano a mano que Matías Zaracho falla ante Agustín Rossi. Por ese gol de Ramón Ábila que llega acompañado de la expulsión del propio Zaracho. Por esos minutos que lo aturden de dudas, que lo encierran contra su arco, que lo dejan sin el triunfo porque Wanchope pivotea, saca a pasear a los centrales y abre para Sebastián Villa. Por ese tiro cruzado que encuentra otra floja respuesta de Gabriel Arias. Y Boca respira aliviado. Porque estuvo a punto de irse abatido del Cilindro, porque se había sentido despojado por el árbitro, porque el equipo volvía a entregar una imagen opaca. Lo empató por los cambios de Guillermo Barros Schelotto, esta vez más lúcido que Eduardo Coudet. Y porque el líder del campeonato no lo supo liquidar, no lo remató. Dejó con vida a su rival. Y otra vez, Boca mostró carácter, como en Belo Horizonte, para rescatar un resultado que templará su ánimo.

La marcha de Racing se detuvo en seis triunfos encadenados sin goles en contra. Del 2 a 2 en Tucumán ante Atlético a este empate con Boca, el equipo evolucionó. Pero le faltaba una victoria resonante. Boca era el adversario a derrotar. Casi lo consigue en el primer tiempo, cuando fue superior hasta la media hora de juego. Entonces, la Academia mostró tenacidad para pelear cada pelota, intensidad para atacar y explotó las debilidades que había por el sector de Emmanuel Mas. Por ahí, fluyó Augusto Solari, un futbolista que creció de la mano del Chacho, que es decisivo en la proyección, que hace ancha la cancha y, cuando el juego lo dispone, también puede cerrarse, participar del circuito interno y liberar la banda derecha para las trepadas de Renzo Saravia.

Por Solari, justamente, Racing encontró el camino del gol. Fue profundo por la derecha, ridiculizó a Mas, se sacó de encima a Carlos Izquierdoz y metió el centro atrás. Pol Fernández remató a la carrera, Paolo Goltz interceptó el disparo y Lisandro pegó un grito de goleador. Pescó el rebote, con olfato, y venció a Agustín Rossi. Estaba un pasito adelantado el capitán. No lo advirtió el asistente Claudio Rossi. Y la tribuna explotó de felicidad. Se venía abajo el estadio.

Boca estaba aturdido. Con un mediocampo lento. Fernando Gago conserva todas las luces que lo impulsaron en su carrera, pero sufre el desgaste físico. Y los pibes Julián Chicco y Agustín Almendra tienen más ductilidad que recuperación. Entonces, pesaba Marcelo Díaz. Y la presión celeste y blanca se imponía. Pero Racing no podía aumentar. Hubo un tiro de Zaracho que se perdió muy cerca del arco de Rossi. Un contragolpe que armaron Jonatan Cristaldo y Augusto Solari que no terminó en gol del Churry porque Paolo Goltz salvó en la línea.

De un desarrollo en el que daba la sensación de que el resultado quedaba demasiado corto a ese final que pudo haber terminado en empate. Con polémicas a flor de piel. Con alta tensión. Con fricciones. Boca empujó sin claridad a partir del último cuarto de hora. Hubo una infracción de Saravia sobre Pavón, que se iba mano a mano con Arias. Lo soltó afuera del área, el cordobés cayó adentro. De mínima, era falta. El árbitro podría haber expulsado al lateral si hubiera considerado que no quiso disputar la pelota con el delantero.

El primer tiempo terminó con Arias tapando un remate de Gago y el segundo arrancó con Boca volcado hacia el área de Racing, que tomó la postura de contragolpear. Manejaba el juego Gago. Crecía Almendra por la izquierda. Y cuando empezaba a dominar, se equivocó Gago. Metió una pelota larga que quedó en el camino y la réplica fue letal. En cuatro toques, la Academia llegó al área de Rossi y Lisandro marcó el segundo con una definición exquisita. Como en el primer gol, estaba apenas adelantado. Un nuevo offside que el otro asistente, Mariano Del Yeso, no advirtió.

Parecía resuelto el partido. Guillermo apeló al banco. Mandó a la cancha a Villa y prescindió de Chicco. Coudet esperó hasta los 28 minutos del segundo tiempo para hacer variantes. Creyó que podía liquidarlo con la velocidad de Ricardo Centurión. Y sacó a Lisandro, el mejor, el que había gestionado el juego. ¿Por qué no sacrificó a Zaracho, que estaba amonestado y había perdido la brújula? La pelota que falló ante Rossi fue su cruz. El Mellizo contestó con Mauro Zárate por el inexpresivo Carlos Tevez. Boca mejoró. Después, entró Gustavo Bou por Cristaldo, que pivoteó muy bien y comprometió a los centrales visitantes. Otra modificación sustancial. Y se le vino la noche a la Academia, justo cuando se encaminaba hacia una noche inolvidable. Le perdonó la vida a un rival muy pesado, su mayor pecado. Y Boca lo aprovechó.

 

Fuente: Clarín