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Dino Saluzzi, las reflexiones de uno de los mejores músicos argentinos


Antes de iniciar una gira por Europa, el prestigioso bandoneonista se presentará entre el 5 y 7 de octubre en Café Vinilo. En diálogo con Infobae Cultura reflexionó sobre el lenguaje, la tradición y el egoísmo, entre otros temas.

 

Dino Saluzzi dejó a un costado el bandoneón que lo había estado esperando desde hacía una hora, reposado en la silla que luego él ocupó. Quedó casi rozando su pierna derecha y no lo buscó para que lo acompañara en la foto que ilustra esta nota porque la idea no le pareció original. En una charla con Infobae Cultura que no tuvo ribetes de una entrevista, porque no siempre le gustan las estructuras, prefirió hablar de los temas que salían y cómo le salían.

No es esquivo a las preguntas sino que decidió de qué quería hablar y en ese diálogo, en el que hizo varias reflexiones, no quiso repetir la historia de su pueblo natal de la que habla hace 70 años. Solo dijo que hay cosas que le duelen, puso el acento en las carencias que un chico tiene que tener para decidir a los 14 años salir de su casa materna y luego dejar su provincia en busca de una profesión. No se arrepiente, pero anhela que nadie más lo tenga que pasar y apuntó a quiénes hacen que eso suceda.

"¿Crees en el alma?", preguntó a quien escribe mientras Ricky, el camarógrafo, le acomodaba el micrófono. Así se dio la conversación que pasó por la música, el nuevo lenguaje, la comunicación y hasta criticó al periodismo: "Es el último escalón de la literatura".

Es que el hombre que estaba enfrente había pasado los últimos 70 años de su vida haciendo música, componiendo y tocando al lado de los más grandes de Argentina y abriéndose camino: es hijo del instrumentista Cayetano Saluzzi, tocó con Francisco de Caro, con Los Chalchaleros, Adolfo Ábalos, Anibal Troilo, Astor Piazzola y el Gato Barbieri, entre otros. No es un músico de tango pese a ejecutar como pocos el instrumento que se apoderó del género. Él es músico y así de define, y encuentra en la música su modo de expresión.

"Todo acto de relación humana es comunicarse con el otro. Si eso no está ayudado por cierto tipo de conocimiento o información… 'Información' es una palabra ¡tan desagradable! porque deshumaniza completamente", dijo y acotó que prefiere la comunicación como un ida y vuelta que se establece entre interlocutores, siempre.

Es, justamente, en la música donde él canaliza ese vínculo con el público, con él mismo y con sus recuerdos. Y prefiere el vínculo íntimo, estrecho, por eso —y tras seis décadas de haber tocado en casi todos los escenarios del mundo— opta por lugares chicos donde pueda ver la cara del que lo está escuchando.

"Cada arte tiene también su lugar propicio para la comunicación, por eso en el (Café) Vinilo tiene un lugar. Es chiquito, pero es un lugar misteriosamente fantástico para tocar y eso no depende del dinero sino de la suerte para hacer un lugar como ese", destacó y contó que esquiva lugares más grandes en los que siente que se pierde la comunicación. "Hay lugares que son inmensos, como el Teatro Colón, pero son grandes para qué —buscó motivos— ¡Hablar cosas de la vida es difícil en la distancia!".

—En lugares grandes ¿sintió alguna vez que no lo escuchaban?

—¡Yo nunca toco para que me escuchen, nunca! Cuando agarro mi instrumento y toco es para mi y para el recuerdo…  de mi Campo Santo querido, para Salta— por un segundo sus ojos se pierden en quién sabe qué recuerdos y sigue— Esas son las conexiones que tengo cuando toco y cuando no logro eso… —sacude la cabeza— Eso me ubica en un lugar misterioso al que muy difícil acceder porque yo no mando en mi música, mandan otras cosas… Lo que tengo que hacer es estar preparado técnicamente para las órdenes que dan el cuerpo, el corazón y el sentimiento profundo puedan producirse porque si no estuviera preparado con la técnica no podría, bajo ningún aspecto, cumplir con esas órdenes.

 

La infancia y los recuerdos del pueblo que aún duelen

Dino Saluzzi nació el 20 de mayo de 1935 en Campo Santo, Salta, y cuando tenía 14 años debió marcharse a buscar lo que luego se convirtió en su profesión, camino y vida. El dolor por la pronta partida lo lleva a cuestas y no lo esconde: "Si yo no hubiera salido de Campo Santo, de mi casa, del hogar donde estaba mi vieja y mi viejo; mis hermanos… no hubiera tenido la oportunidad de desarrollarme como músico porque en Campo Santo no hay cómo convertirse en músico y en Salta tampoco".

A la vez apuntó: "En Salta —ciudad a la que llegó primero— hay academias, conservatorios que te enseñan un poco el solfeo, un poco de armonía, pero eso es como aprender a decir '¡Buen día!'... Después de eso viene realmente la música y eso se aprende en otras partes ¡y ahí está la crueldad más grande que tiene el que no entiende! Yo creo que es cruel… ¿¡Cómo puede pensar que haya música en un pueblo donde el alumno sale del conservatorio y no sabe qué va a hacer de su vida económica!? Es como si te enseñaran a hacer un locro y no te dan la olla… ni remotamente podés hacer un locro ¿Y eso cómo se llama? ¡Es egoísmo puro! Generado por gente que es ignorante… Entonces hay que rumbear para otros terrenos, para otras latitudes donde se puede hacer eso que uno quiere, lo que uno sueña".

En ese tono buscó explicaciones a eso que pasó cuando tenía 14 años y que sigue pasando: "La Argentina experimenta un asunto gravísimo venido del comfort, de la ignorancia y de la falta de preocupación por las cosas propias y para resolver un problema de esa naturaleza. ¿Y sabés qué? Las personas tienen que saber que si alguien a la edad de 14 años se va de su casa, ¡14 años!, por necesidad, porque no tiene lo que tiene que tener, esa persona que obliga a esas cosas ¡está loca! Porque no creo que haya ningún ser que, conociendo lo que eso significa, lo proponga como un estado de las cosas".

Fiel a su estilo, Saluzzi se refirió a distintos temas y de ellos dio sus propios conceptos y posturas. Primero se refirió a los músicos y definió: "Músico es el que compone, el que organiza los sonidos de una manera determinada a la cual se le llama composición". Además, sostuvo que "toda la música está formada por hábitos, usos y costumbres que llevan mucho tiempo".

Para él "el lenguaje se ha degradado en hábitos y costumbres que a veces se usan, pero no se entiende el alcance de eso… Ahora toda la gente trata, o cree, que decir dos estupideces en inglés lo forma al tipo como un exquisito, y no es así. ¡Lo convierte en un ignorante porque se puede hablar inglés, pero no todo el mundo conoce el inglés! Entonces es difícil comunicarse. Acá se habla español y el español argentino, entonces el que quiere comunicarse se queda sin posibilidad de hacerlo y así se va deteriorando todo cada vez más. Y nosotros tenemos que tener conciencia de eso a través del conocimiento más que de la información".

Sobre la tradición opinó que "impide el crecimiento porque llega a haber tantas tradiciones que al final tenemos un montón de tradiciones y la evolución queda relegada a lo imposible. Cuando yo tocaba con Los Chalchaleros o Adolfo Ábalos teníamos un estilo de tocar la zamba, ahora cambió".

En referencia a los conciertos que le gusta brindar junto al quinteto familiar que lo acompaña, y que se está despidiendo en Café Vinilo (Gorriti 3780, Palermo) antes de la gira por Europa, contó: "No preparamos nada, en los shows todo se da ¡Nunca los programo! —detrás su percusionista se ría— ¡Jamás! A mi no me gusta la demostración de fuerza me parece de una pobreza total, en todo sentido. ¡La demostración de fuerza sobre el otro me parece pobreza!"

Además dijo estar muy a gusto tocando con los músicos que lo acompañan: "Nos llevamos bien, son gente muy competente y no cualquiera puede tocar. Y esa es una cuestión casi espiritual. Yo me encontré a tocar en lugares con gente que no la vi nunca antes y no sé… ¡Es como que te adivinan el pensamiento!… ¡Hay una simbiosis! ¡Qué bárbaro!… Y la música te lleva cada vez más, ¡es un éxtasis! Pero no se puede hacer con cualquiera. Algunos tienen buena técnica, pero te agreden con el sonido, con el protagonismo. En cambio con ese ir y venir es muy importante cuando la música no está escrita… Eso es lo que hacemos en el Vinilo".

Los próximos conciertos: Dino Saluzzi se presentará los días 5, 6 y 7 de octubre, en Café Vinilio. Lo acompañarán en el quinteto Félix Saluzzi en clarinete y saxo, José María Saluzzi en guitarra, Matías Saluzzi en bajo y percusión, y Jorge Savelón en percusión.

En esas noches, el grupo hará un recorrido por títulos clásicos y otros nuevos del compositor, incluidos algunos de su último disco editado en Alemania, El valle de la infancia.

Además de continuar al frente de la cátedra que lleva su nombre en la UNSAM, y de otros conciertos, Saluzzi participó del agasajo ofrecido recientemente en la Embajada de Bélgica a la delegación oficial de ese país, encabezada por la Princesa Astrid.

En 2005 la Fundación Konex le otorgó el "Diploma al Mérito" como uno de los mejores instrumentistas de la década en Argentina y en 2015 recibió el máximo galardón de esa Fundación: el Premio Konex de Brillante a la Música Popular al máximo referente de la última década en el país.

En el CCK, compartió un concierto con el prestigioso guitarrista Catherine Philippe. Entre octubre y noviembre, una nueva gira europea del quinteto incluirá conciertos en España, Italia y Alemania.

 

Fuente: Infobae