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Roly Serrano: "Yo sé lo que es la marginalidad"

El actor salteño brilla en “El Marginal 2”, donde interpreta a un despreciable referente carcelario. Aquí, cuenta cómo construyó a ese personaje y reivindica a Córdoba como el lugar donde nació su amor por el teatro.

 

Tras décadas de actividad sostenida, Roly Serrano acostumbró al espectador promedio a interpretaciones sobresalientes. No obstante ello, el personaje que construyó para El Marginal 2 genera un espasmo singular. Se trata del “Sapo” Quiroga, el “poronga” de la cárcel San Onofre que, desde adentro, lidera una banda de secuestros extorsivos, otra de producción de cocaína que luego distribuye con palomas mensajeras y otra más que pivotea una red de prostitución en alianza con la abuela de un interno.

Un malo a toda regla que hasta hace un par de capítulos gozaba del respaldo de Antín (Gerardo Romano), el director de una cárcel en la que son utópicos conceptos como “redención” y “reinserción social”.

Pero el “Sapo” no es el único personaje “en los bordes” que el actor salteño trabaja en la actualidad. El otro podrá verse en El Búfalo Americano, una de las primeras y más premiadas obras de David Mamet, que fue estrenada en Chicago en 1975 y que será representada por Roly Serrano junto a Claudio Rissi y Abel Ayala, otros dos grandes actores de la ficción de la TV Pública

En El Búfalo Americano, Don, propietario de una tienda de objetos de segunda mano, alecciona a su joven aprendiz, Bob, sobre cómo debe comportarse un hombre autónomo, fuerte e íntegro. Sin embargo, Teach lo tienta para que traicione todos sus principios y renuncie a una postura moral a cambio de un supuesto beneficio. Don, Bob y Teach luchan, se equivocan, se contradicen y acaban resultando, finalmente, terriblemente hilarantes para los que les observan desde fuera.

“Podrían describirse como tres desgraciados, tres aprendices de ladrones planeando un robo que huele a fracaso desde el principio, pero cada espectador podrá reconocer algo de sí en estas tres criaturas. Un plan, un robo, una amistad y una traición, serán los hilos conductores por los que estos tres marginales se verán atravesados”, remata la sintaxis de la obra que tiene funciones programadas en Córdoba para noviembre próximo.

“Estoy feliz por El Marginal 2 porque está consiguiendo un éxito extraordinario. Una repercusión soñada a un nivel muy superior, porque hablamos de que la serie se está consumiendo en muchos países de Europa… Y además estoy a full preparando El Búfalo Americano que, sin dudas, es la obra más importante que haré en mi vida, Es una obra de teatro extraordinaria, que trae la literatura muy moderna y te plantea algo muy difícil de resolver. Que me llegue a esta altura de mi vida, a esta altura de mi oficio, es como un regalo”, confiesa Roly Serrano

–¿Hay compatibilidad temática entre el “Marginal 2” y “El Búfalo Americano”?

–Son marginales estos personajes, de algún modo. No dentro de lo delictivo, aunque están a punto de cometer algo que finalmente no cometen. Tiene que ver mucho con un estilo de escritura americana, esta cosa de los negocios, de la amistad, de los códigos de vida. La obra no refiere a lo marginal, aunque sus personajes viven en el borde. La gente que vea la obra sentirá algo aproximado a “¿qué va a pasar acá?” Esa es su fuerza.

–¿Es muy complicado construir la maldad? ¿Qué se impone en ese proceso: herramientas propias de la formación actoral o la capacidad de filtrar algo que uno ha observado?

– Lo del “Sapo” no deja de ser un juego, que está muy cercano a la construcción de una vieja caricatura de un malo de revista, la contracara de los héroes. Dentro del contexto de una cárcel, obviamente. Hay gente que cree que ese es un mundo cercano para mí y me dice “¡qué fácil que la hacés!”. A ellos, suelo retrucarle “¡no sabés lo difícil que es hacer lo fácil!” Tiene que ver con un camino recorrido que te permite entrar en lugares ásperos. Pero el desafío es que el personaje sea creíble. Para eso vale tanto la experiencia y jugar a fondo. Trabajar con (Adrián) Caetano tiene eso, te hace jugar a fondo, te lleva a lugares impensados y el resultado es visceral.´

–¿Sirve tener calle para esto? ¿Sos un actor con calle?

–Con calle, vereda, cordón (risas)… Una vez le hicieron una nota a Dustin Hoffman y le preguntaron cómo construyó al rengo de Perdidos en la noche (John Schlesinger, 1969). Y reveló que decidió ponerse un tornillo en el zapato para perfeccionar su renguera. Lawrence Olivier, que era de la vieja escuela, le preguntó “¿Por qué no lo hiciste, simplemente? ¿Por qué no lo construiste?”. Yo soy parte de esa dicotomía. Si uno prueba la verdad… Le pasó a (Esteban) Lamothe, que se metió en una villa para sentir cómo se vivía allí, cómo era el ambiente, cuáles eran los códigos. En mi caso, mi vida fue una escuela. Fui parte de la marginalidad. No fui ladrón pero viví en la calle. Sé lo que es tener hambre, sé lo que es tener frío y no tener techo.

Córdoba, epicentro

Roly Serrano no duda cuando tiene que referirse al big bang de su vida como actor: “Mi formación, mi amor por esto, nació en Córdoba”.

“Soy de Salta y fui a Córdoba a hacer el servicio militar en el año 1976. Me incorporaron dos semanas antes del Golpe. En Córdoba viví una cosa distinta a lo que estaba viviendo en Salta, otra vibración. Tanto es así, que me quedé en la ciudad después de la colimba. Andaba dando vueltas como Jesucristo, en bolas y sin documentos para todos lados”, reconstruye.

“Y así fue todo hasta que en un amigo me consiguió laburo en Renault –añade–. Al mismo tiempo que ya había empezado a estudiar teatro, a conocer algo de su ambiente… En Renault había hecho méritos para hacer carrera, pero a su vez hacía teatro… Después conocí a Omar Resk… Él fue mi mentor, de alguna manera, me empezó a dirigir en obras y obras y más obras. También conocí a Silvina Reinaudi, que hacía un programa de televisión en Canal 8. Entonces, dejé la fábrica y empecé a hacer teatro, a cagarme de hambre, digamos. Me había enamorado de una nueva profesión”.

La nueva profesión de Roly no para de darle satisfacciones; entre ellas, la de ser una opción confiable de "interpretación intensa" para cualquier película del floreciente cine argentino, que en la cartelera actual destila calidad e impacta en taquilla. “Hay dos cosas que tienen que ver con esto. Una es la parte comercial y otra, la parte cultural”, analiza Roly sobre una industria que lo mostró por última vez en Gilda, no me arrepiento de este amor (2016).

“Gracias a Dios, los empresarios que han apostado al cine han tenido buena respuesta. El cine comercial ha tenido muy buena repercusión del público. Buen cine, de buena calidad. Se rompió de alguna manera esa certeza de que el cine comercial debía sí o sí estar ligado a lo chabacano. Se dio una conjunción de factores para logra un cine popular de calidad. Pero a su vez hubo un proceso, que venía del cine independiente, que estaba ligado al Estado anterior a éste”, complementa el actor.

–¿Hubo un retroceso en ese aspecto?

–Se dejaron de producir un montón de cosas… Este cine independiente nos representaba con similar impacto al industrial. De la cantidad de producción independiente, más de la mitad recibió premios internacionales. Y también estaba el subsidio al cine de las provincias... He trabajado en tres películas en Salta, con directores y técnicos salteños. Era privilegiar lo cultural por sobre lo comercial como para equilibrar los tantos. Cuando se habla de crisis de teatro, siempre aclaro que el teatro nunca está en crisis. Lo que está en crisis es el empresario teatral que no puede afrontar los costos de producción. Buenos Aires es la segunda ciudad a nivel mundial con respecto a la producción teatral. Es increíble… He tenido la suerte de viajar con (Atilio) Veronese por todas partes del mundo y puedo decir que los actores argentinos estamos muy bien considerados por desarrollarnos en una plaza tan agitada.

–¿De salud estás bien?

–Bastante bien. Cuidándome. Un tema difícil para mí es el exceso de peso, con el que peleo constantemente. Podría haber hecho un corte como un bypass gástrico. No tengo ganas de hacer algo abrupto, así que decidí batallar de a poquito. En ese proceso estoy.

–¿Te queda algún desafío pendiente?

–Si soñás ese tipo de cosas se terminan frustrando. Con mi mujer siempre embromábamos con que yo llegaba a casa y le decía “Che ¿me llamó (Francis Ford) Coppola?” “No, no te llamó, mi amor”, me contestaba. Jodíamos con eso. Hasta que un día Coppola vino a filmar a la Argentina y me llama para hacer una prueba. La hice, pero cuando tuve que analizar la relación contractual era onda que le tenía que pagar para filmar con él. Me llevé una decepción muy grande. Un director joven, que juntaba peso por peso para filmar, me pagaba más que este prestigioso director con presupuesto resuelto de Estados Unidos. A partir de ahí, no sueño más con nada y espero que la vida me sorprenda. Como me sorprendió con El Búfalo Americano. Como me sorprendió cuando hice de Maradona para Paolo Sorrentino. Como me sorprendió con El Marginal 2.

Fuente: La Voz del Interior